Activismo Feminista Digital: por el real ejercicio de derechos en Internet

“No es tan grave”, “total pasó en Internet” y “vos publicás las fotos porque querés ser famosa” son algunas de las frases con las que operadores judiciales reciben casos de acoso digital o publicación no consentida de imágenes en la web. Apreciaciones que, tanto las víctimas como su defensa, tienen que escuchar una y otra vez. En 2017, un grupo de abogadas creó la Fundación Activismo Feminista Digital. Dos de ellas, Eugenia Orbea (secretaria) y Julieta Luceri (vocal 1º del Comité Ejecutivo), cuentan en este #8M cuál es la situación de las mujeres en el ámbito digital.

“La Fundación surgió a partir de los obstáculos que encontramos en los casi cuatro años que lleva el caso de Marina [Benítez Demtschenko, fundadora y presidenta de Activismo Feminista Digital]. Nos encontramos con un gran desconocimiento por parte de la justicia, tanto desde la visión de género como desde la parte técnica informática”, cuenta Eugenia, que, además de secretaria de la Fundación, es abogada de Marina.

En 2014 Marina Benítez Demtschenko denunció penalmente a su expareja, Sebastián Horacio Masi, ya que durante un año y medio se hizo pasar por ella en redes sociales y viralizó fotos íntimas. Hoy, su agresor acumula 9 causas, aunque continúa en libertad [aquí, una nota de Natalia Arenas en Diario Popular sobre el caso en detalle].

La pregunta obligada es: ¿qué pasa con la ley? “No hay legislación que penalice la difusión no consentida de material íntimo ni el acoso virtual. Esta es otra de las cuestiones que nos motivó a crear la Fundación y ya presentamos un proyecto de ley para tipificar estas conductas”, explica Julieta, también abogada de Marina. “La única excepción es asociar estos casos a delitos que ya estén penalizados, como amenazas o extorsión”, completa.

En 2017, la Fundación produjo un informe con datos no oficiales (ya que son inexistentes). De allí se desprendió que el 75% de las denuncias se vincula con la difusión no consentida de imágenes íntimas y el restante 25% con el acoso virtual. Además, es una problemática que afecta directamente a las mujeres.

¿Por qué sucede esto? “Internet es un producto cultural, y la cultura es machista. La concepción de la web como una panacea, donde no importa el género detrás del monitor, es errada. El espacio virtual no es neutral ni igualitario, es hostil para las mujeres, porque es otro lugar donde se refleja el machismo. Y es su herramienta favorita, porque todo lo que ocurre ahí no se borra, sino que se multiplica en espacio y tiempo. Pasa a formar parte de la identidad digital de la mujer, pero es una identidad que no creamos nosotras, sino que se nutre con comentarios y material de terceros, escudados en el anonimato”, puntualiza Eugenia.

Entonces, ¿qué hacemos? Ambas son categóricas en este punto: hacemos igual, producimos, utilizamos las herramientas en nuestro favor y, así, nos empoderamos. “Instamos a las mujeres a ejercer sus derechos libremente en Internet, en las redes y los medios digitales. Es necesario apropiarnos y aprovechar la multiplicidad de oportunidades que nos brindan para convertirnos en creadoras de contenido, para organizarnos, manifestarnos y visibilizar situaciones de violencia femenina. Esto constituye el real ejercicio de los derechos de las mujeres en Internet”, asegura Julieta.

Y Eugenia no se queda atrás: “buscamos también superar la tecnofobia, la brecha digital que colocaron culturalmente en la cabeza de las mujeres, que indica que la tecnología y las mujeres no pueden ir juntas”. En este sentido, y consultadas por la práctica de sexting (intercambio de material íntimo entre adultos mediante tecnología como forma de vincularse íntimamente), coinciden: “no la condenamos en absoluto. Consideramos que es parte de la libre expresión de las mujeres y del ejercicio de su libre sexualidad. Saquemos del foco lo que hace o deja de hacer la víctima y pongámoslo donde tiene que estar: en el agresor, que es quien violó el pacto de confidencialidad en el cual se brindó ese material”.

En esta línea, la Fundación impulsa una campaña en redes sociales que invita a las mujeres, bajo el hashtag #NoCubrimosMásViolentos, a publicar imágenes de sus agresores, para depositar la mirada en ellos y dejar de cuestionar el accionar de la víctima. “El sexting no es provocar al agresor. Necesitamos saber quiénes nos agreden”.

Internet es, como sabemos, un gran amplificador de contenidos. Si tenemos en cuenta que un 45% de las fotografías o videos filtrados por agresores se dan a conocer mediante redes sociales, ¿qué responsabilidad les cabe?

“Las propuestas de las grandes plataformas [por ejemplo, esta prueba piloto de Facebook] son formas de aparentar un acompañamiento ante el reclamo, pero consisten en herramientas ineficaces que lo único que logran es recabar aun más información de las usuarias”, dice Eugenia.

En Argentina está pendiente la sanción de la Ley de responsabilidad de intermediarios en Internet, cuyas voces a favor se encuentran principalmente en los defensores de la cultura libre. Sin embargo, las especialistas tienen sus objeciones. “En principio, carece de perspectiva de género, ya que no contemplan las situaciones y relaciones de poder y desigualdad existentes entre hombres y mujeres”. Y continúan: “el proyecto representa un retroceso respecto de los precedentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Para solicitar la baja de contenido basta con una notificación extrajudicial a los buscadores. Sin embargo, la nueva ley obliga a la víctima a instar una acción judicial, un amparo. Con la velocidad con la que se viralizan los contenidos, es un mecanismo ineficaz. Continuamos tendiendo a la reparación en vez de a la prevención, sin considerar que hay daños irreparables”.

El panorama está planteado: las plataformas son conducidas, mayormente, por hombres; la justicia demuestra ser machista y lenta; las leyes no contemplan delitos como el acoso virtual o la difusión no consentida de imágenes; la viralización de contenidos en Internet es inmediata y el hecho de compartir multiplica los agresores. “Todas estas falencias hacen que, en la actualidad, la víctima no solo quede desprotegida a merced de su agresor, sino que también sea revictimizada por parte de los operadores judiciales. Por esto es que creímos necesario acompañarlas desde este lugar, con apoyo legal, iniciativas legislativas y campañas de empoderamiento”.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer también conversé con la comunidad LasDeSistemas acerca de cómo es estudiar y trabajar en un rubro superpoblado por hombres, y qué implica eso para el desarrollo de productos. Te invito a leerlo acá.

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