¿Qué hay detrás de la consigna “la informática como materia”?

Con las mochilas cargadas y las expectativas altas, comienza un nuevo ciclo lectivo en Argentina. Pero este 2020 trae una particularidad en materia de educación: en septiembre se vence el plazo de dos años estipulado por la Resolución 343/18 del Consejo Federal de Educación para “adecuar los documentos curriculares” a los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) para Educación Digital, Programación y Robótica. ¿Qué significa esto? ¿Cuál es su alcance? ¿Cuál es la situación actual? Estas y otras preguntas respondieron para Otrawebdetecno Belén Bonello, codirectora de la iniciativa Program.AR (de la Fundación Sadosky); Gustavo Cucuzza, presidente de la Asociación de Docentes de Informática y Computación de la República Argentina (ADICRA); y Franco Bulgarelli, cocreador de Mumuki (una plataforma para aprender a programar).

En principio es preciso saber que la situación del país es heterogénea. Argentina tiene un sistema educativo federal, lo que significa que cada provincia tiene potestad sobre sus planes educativos (más allá de los lineamientos generales del Ministerio de Educación Nacional). Por eso, fue fundamental que en 2018 se determine que los mencionados contenidos eran prioritarios, ya que llamó la atención sobre ellos. De cualquier forma, la letra chica no explicita concretamente la forma en la que los conocimientos deberán ser integrados a la escuela; y aquí es donde las aguas se separan.

Existen dos posturas acerca de cómo proceder. Por un lado, están quienes proponen que los contenidos informáticos se sumen a las materias existentes de forma transversal, es decir que sean un eje que atraviese a todas las asignaturas. Los tres expertos consultados no consideran que este abordaje sea óptimo y, como contrapropuesta, señalan la necesidad de encontrarle un lugarcito propio. Así es como nos sumergimos en el problema.

“Ciencias de la computación”: una asignatura propia para una disciplina específica

Detrás de lo que algunos conocemos como “Computación” y otros como “(Nuevas) Tecnologías de la información y la comunicación” hay un campo de estudio científico: las ciencias de la computación. “La computadora es un objeto de estudio en sí mismo, constituye una disciplina científica y tenemos que ser capaces de entenderla para tener una mirada crítica sobre ella”, explicó Bonello. En este sentido, aclara que esta mirada diferencia entre el estudio de la informática y su uso como herramienta en otras materias.

Bulgarelli coincide en que este abordaje es óptimo, aunque considera que llevará tiempo y requerirá de políticas públicas sostenidas. “El desafío de llevar contenidos de programación –que es en lo que nosotros trabajamos– a la escuela es enorme. Es cierto que la forma de garantizar esto es desde un enfoque curricular. Sin embargo, implementarlo en el corto o mediano plazo solo será posible en las provincias que ya registran un trabajo previo. Por lo que vemos, el enfoque mayoritario de las jurisdicciones es tender primero a la transversalidad, porque es lo que te permite salir a la cancha con lo que tenés”, puntualizó.

Aquí entra en juego otro factor: la situación actual. En este sentido, Cucuzza repasa la realidad de las escuelas públicas: “Por un lado, tenemos algunas provincias que cuentan con bachilleratos en informática o títulos de técnico en computación (en los establecimientos técnicos). Por otro, están los casos de Neuquén y CABA, que incorporaron la informática como materia en algunos años de secundario. Y por último tenemos a las provincias de Buenos Aires y Santa Cruz, con algunas horas en un año de secundario. Lo que no se registran son módulos en primaria, donde, de acuerdo a la resolución del Consejo Federal de Educación, también deberían incorporarse estos conocimientos”. “Para que la informática llegue de verdad a todos los estudiantes es imperioso que su dictado no solo dependa de que un docente sea innovador o esté, por interés personal, familiarizado con la tecnología. Necesitamos profesores capacitados que dispongan de un espacio determinado para tal fin”, advirtió el presidente de ADICRA.

Florecerán mil profesores

Aquí se abre el abanico para incluir otro factor clave: si el primero era decidir de qué forma se impartirán los conocimientos, el segundo –necesariamente– es determinar quienes los dictarán y capacitarlos. Es que de nada sirve que mañana todas las jurisdicciones creen una asignatura específica si no hay nadie que esté en condiciones de enseñar.

Los esfuerzos en este sentido son múltiples. La Fundación Sadosky, por ejemplo, realiza capacitaciones docentes a través de su iniciativa Program.AR. Los cursos se brindan en conjunto con universidades nacionales y están dirigidos a quienes ya desempeñan funciones educativas pero desean profundizar en temas vinculados a las ciencias de la computación. También tienen una versión adaptada especialmente para directivos y personal de gestión, para concientizar acerca de la importancia de enseñar estos temas.

Además, comenzaron hace un tiempo con postítulos, es decir, especializaciones de dos años de duración. “Esto lo llevamos adelante articulando el trabajo entre ocho universidades e institutos de formación docente”, contó Bonello. También publicaron una colección de manuales (sobre la que podés leer más aquí) y colaboraron en la creación de un profesorado específico de cuatro años en la Universidad Pedagógica (UNIPE), que comenzará en el segundo semestre de 2020. Por último, asesoran a los Ministerios de Educación acerca del desarrollo curricular y las reformas de planes de estudio. En cuanto a la modalidad de trabajo, la codirectora de Program.AR aclara que prefieren la presencialidad para dictar los cursos, al tiempo que optan por explicar conceptos, utilizar diversos programas y focalizar en el aspecto didáctico y pedagógico. “Las herramientas cambian, caducan; por eso, al centrarnos en las ideas detrás de ellas tratamos de darle al docente la posibilidad de adaptarse”, detalló Bonello.

Pero estas no son las únicas propuestas en esta dirección. Desde Mumuki hace dos años que dictan capacitaciones docentes en la provincia de San Luis (junto al Ministerio de Ciencia y Tecnología Provincial), hace tres que también brindan cursos para jóvenes tanto de primaria y secundaria como mayores de 18 años (por ahora por fuera de la currícula escolar) y recientemente desembarcaron en Mendoza. En total, proyectan llegar este año a los dos mil profesores capacitados en todo el país. “Trabajamos en la enseñanza de la programación desde el sector privado pero siempre en conjunto con el Estado. Creemos que tiene que ser una política pública y, por eso, ayudamos a las instituciones a lograr ese objetivo”, aclaró Bulgarelli. Asimismo, aseguró que siempre encontraron entusiasmo e interés por parte de los profesores pero que lo que se necesita es un plan integral y pensado a largo plazo para apoyar a estos profesionales en el proceso.

Sobre este tema, el presidente de ADICRA es categórico: “Instaurar la informática como materia te facilita la capacitación, porque tenés un público específico que tiene que saber esos conocimientos y ya no es necesario apuntar a todo el plantel docente existente”. Ahora bien, consultado acerca de los contenidos que deberían dictarse en esta nueva asignatura, Cucuzza ahondó en una propuesta desarrollada por docentes de informática basada en cuatro ejes:

  1. La informática en la sociedad: es decir, cuestiones de seguridad, privacidad, uso de internet y ejercicio de la ciudadanía digital.
  2. Los sistemas informáticos y sus tecnologías: aquí se incluyen conocimientos de hardware y software.
  3. Lógica y lenguajes de programación: en este punto se hace hincapié en lo que se conoce como pensamiento computacional, es decir, estrategias para resolver problemas aplicando las ciencias de la computación.
  4. Aplicaciones informáticas: el último eje versa sobre el aprendizaje de técnicas necesarias para dominar aplicaciones informáticas (TIC).

Y todo esto, ¿para qué?

Si llegaste hasta acá, quizás te estés preguntando cuáles son los fundamentos en los que estos expertos se basan para impulsar la instauración de una nueva asignatura. El argumento más sencillo es laboral: el campo de la informática tiene una demanda en crecimiento constante y constituye un área de vacancia, ya que no existen suficientes profesionales.

Sin embargo, los tres expertos consultados señalan que la prioridad no es formar profesionales, sobre todo por la dificultad de insertarse en el mercado luego de terminar el secundario (salvo en los casos de egresados de escuelas técnicas). En lo que sí están interesados es en despertar vocaciones científicas. “¿Por qué los chicos seguirían una carrera informática si no saben de qué se trata? Hace por lo menos 50 años que la educación superior tiene propuestas tecnológicas pero aun no tenemos un correlato ni en la secundaria ni en la primaria”, sentenció Cucuzza.

Bonello adhirió a esta preocupación y añadió que el abordaje transversal es un modelo que ya fracasó en varios países, dado que son contenidos puntuales que requieren de saberes específicos. Para suplir esta falencia, la Fundación Sadosky realiza charlas en escuelas secundarias donde estudiantes de los primeros años de carreras informáticas les presentan las alternativas existentes en universidades cercanas. Otro motivo fundamental es el desarrollo y la soberanía nacional. “Necesitamos generar exportaciones y los servicios basados en conocimiento representan una porción cada vez mayor del PBI a nivel global”, completó la codirectora de Program.AR.

Por último, pero no menos esencial, está la pertinencia de estos conocimientos. “Aprender ciencias de la computación es un proceso de alfabetización, similar a la lengua o a la matemática. Necesitamos esos saberes porque nuestra vida está mediada por la tecnología. En un futuro no muy lejano, desconocerlos representará un cierto grado de analfabetismo funcional”, concluyó Bulgarelli.

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