LinuxChix: una red de apoyo para profesionales del open source

Be polite and be helpful” (“Sé amable y sé de ayuda”) son las dos consignas que Deb Richardson propuso allá por 1999, cuando fundó LinuxChix. Cansada de algunos ambientes técnicos que se asemejaban más a una atmósfera de vestuario y de ver a nuevos usuarios y usuarias ser maltratadas por hacer preguntas consideradas tontas, inició un camino que hoy cuenta con más de 15 versiones regionales. Y una de ellas está en Argentina.

“Fue un proyecto que se dio de forma incremental. Notamos que, dentro del desarrollo de tecnología, hay una brecha de género importantísima y que, si miramos particularmente la porción open source, esto se profundiza aun más. Por eso pensamos que tener una red de mujeres profesionales que estén en una situación similar era una buena idea”, recordó Victoria Martínez de la Cruz, Sr. Software Engineering y Team Leader de Red Hat Argentina pero también fundadora –junto a Cynthia Monastirsky– de LinuxChix Argentina. Gracias a una remera de Arch (una distribución de Linux), Victoria se acercó a Celia Cintas, quien ahora se desempeña como Research Scientist en IBM Research Africa.

Desde el principio, allá por 2014, tuvieron en claro que no bastaba con reconocer la problemática sino que era preciso hacer algo al respecto. Por eso, empezaron a organizar eventos, charlas y talleres, así como también a participar de meetups. Casi seis años después, constituyen un grupo heterogéneo de personas que persiguen, fundamentalmente, dos objetivos comunes: por un lado, visibilizar a las mujeres en el mundo de GNU/Linux y del software libre; por el otro, lograr que muchas más se acerquen a él. Esto no significa que sea una comunidad exclusiva para mujeres, en su sitio web se definen como “un grupo inclusivo donde toda la gente se sienta bienvenida”, aunque aclaran que sus acciones se focalizan en ellas, por lo que existe un código de conducta a respetar.

“Una se adapta al ambiente que le toca pero, en mi caso, cualquier micromachismo con el que me pude haber encontrado no logró afectarme demasiado porque contaba con un núcleo primario de contención en mi familia, que siempre me apoyó y nunca dudó de mis capacidades. Sin embargo, al contactarte con otras mujeres te das cuenta que algunas no lo tienen. Ese es un lugar que comunidades como LinuxChix vienen a cubrir”, afirmó Celia. El aporte no es menor: las redes humanas son esenciales para sobrevivir, sobre todo en un ámbito en el que ellas son minoría.

Al respecto, Victoria es mentora de proyectos abiertos donde se otorgan pasantías remuneradas para trabajar de forma remota (podés encontrar más información en outreachy.org) y detalló: “La cuestión técnica es solo el 10% de mi tarea, a lo que apuntamos es a desarmar inseguridades, a generar contactos que ayuden a construir confianza y a que se animen a cometer errores porque es parte del aprendizaje”. Con estas pasantías intentan cubrir una deuda: existen muy pocos puestos junior para quienes recién arrancan en open source.

Y en este punto Celia señala otro factor a tener en cuenta: los privilegios. “Aportar en software libre de forma sostenida es tener muchos privilegios: el primero es poder donar tiempo. Pero no todos están en condiciones de hacerlo, hay que disponer de ese espacio y hay que tener, por así decirlo, las necesidades básicas satisfechas. Lo ideal sería que la oportunidad estuviese al alcance de cualquiera, por eso las pasantías remuneradas son una forma de ir hacia eso”, reflexionó.

Ahora bien, ¿es esto suficiente? Por supuesto que no. Desarmar estereotipos siempre es un camino arduo, no solo porque el otro no nos reconoce sino porque una puede autolimitarse. En este sentido, tanto Victoria como Celia notaron que las mujeres, en general, se exigen mucho más a sí mismas. “Es mucho más probable que tengas currículums de mujeres perfectas o sobrecalificadas para un puesto, porque si no cumplen con todos los requisitos no suelen presentarse”, observó Celia, al tiempo que Victoria apuntó que esto también dificulta la contribución en open source.

Esto no es casual: en un ambiente donde los hombres son mayoría y donde todo indica que no deberías estar ahí, equivocarte es reforzar un estereotipo y postularte, aspirar a algo para lo que no sos apta. “A menos que desarmes esto en comunidades, es muy complicado deshacerte de la sensación de que tu presencia en la carrera o en el trabajo vale como una representación de todo el género. Por eso es tan difícil participar y dejar que alguien externo te evalúe”, consideró Celia.

Y así, grupos como LinuxChix recobran sentido. “Nos permiten compartir no solo nuestra experiencia técnica sino también consejos de carrera, oportunidades y problemáticas. Por eso queremos llegar a más mujeres y fomentar a que más chicas consideren las carreras de tecnología como una posibilidad”, completó Victoria. Una red de apoyo te demuestra que no estás sola, que sos capaz y que valés, pero también te recuerda que las dos premisas de Deb Richardson –“sé amable y sé de ayuda”– no solo aplican a los demás sino también a una misma.

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