Qué es | Open source: introducción al mundo de la colaboración

Para nosotros, los usuarios finales, la tecnología tiene nombres. Tenemos Windows; nuestros teléfonos son Android o Apple; las SmartTV que compramos se llaman Samsung, Philips, Noblex o la que salga más barata; usamos Google, Facebook, WhatsApp y así. Desconocemos, en líneas generales, qué es lo que hay detrás de eso o lo englobamos dentro de una palabra misteriosa y casi esotérica, “el sistema”. “El sistema” es lo que se rompe, lo que no funciona o lo que nos impide hacer cosas. “El sistema” pareciera ser, sobre todo, algo único y omnipotente.

Sin embargo, detrás de ese “sistema” –que en realidad no es uno solo– hay distintas condiciones de producción, que podemos englobar en privativas o abiertas. Las diferencias son muchas y definen no solo una forma de trabajar sino que, en muchos casos, se convierten en un estilo de vida. Estamos hablando del software propietario (aquel que, básicamente, tiene su código guardado bajo siete llaves) y del software open source.

Cuando desarrollás software lo hacés bajo una licencia que puede ser o no permisiva, y esto determinará el tipo de libertades que tendrán los que reciban ese software. Si es restrictiva no se permite nada y se lo denomina cerrado”, señaló Ezequiel García, Principal Engineer en Collabora. Dentro del segundo grupo están herramientas como el paquete de Adobe, Facebook y WhatsApp; mientras que el nombre más famoso dentro del primero es Linux. Ahora bien, ¿qué tiene que tener un software para que se lo califique como abierto?

¿Software libre u open source?

Hasta el momento mencionamos al “open source” pero esta no es la única forma de denominar a los sistemas abiertos: también podemos hablar de “software libre”. El movimiento del software libre (free software) surgió en 1983, de la mano de Richard M. Stallman y con las libertades esenciales del usuario como norte –esto es, que pueda ejecutar, estudiar, modificar y distribuir copias del software con o sin modificaciones–, según indican desde la Free Software Foundation (FSF). 15 años después vería la luz la Open Source Iniciative (OSI), impulsada por Jon “maddog” Hall, Eric Raymond y Bruce Perens y con el código abierto como bandera. Esta perspectiva corrió el eje hacia el pragmatismo y la industria, al tiempo que amplió los cuatro pilares de la FSF a diez (basados en la guía de software libre de Debian, un sistema operativo abierto).

Si bien en muchas ocasiones suelen emplearse ambos términos como sinónimos, no podemos hablar del tema sin mencionar esta distinción ideológica. En este sentido, aunque en líneas generales suenen parecidos, si profundizamos en el mundo de las licencias veremos diferencias.

Pero el eje de este artículo es rascar la superficie de las formas de producción de este tipo de movimientos en oposición a los desarrollos privativos, y aquí aparece la primera diferencia: “Trabajar en proyectos abiertos nos lleva, como ingenieros, a pensar y a discutir aspectos más políticos, a lidiar con diferentes afiliaciones e intereses que deciden el resultado del trabajo. Eso se pierde en un producto propietario”, reflexionó Victoria Martínez de la Cruz, Sr. Software Engineering, Team Leader de Red Hat Argentina y fundadora de LinuxChix Argentina.

[Si te interesa esta discusión, acá hay una explicación más amplia de las diferencias].

Uno para todos: ¿Qué significa trabajar en open source?

Las personas consultadas para este artículo representan las dos formas de participar de proyectos de código abierto: una es remunerada (es decir, para empresas que desarrollen este tipo de software) y la otra es particular, en los tiempos libres. Independientemente de qué lado se encuentren, todos destacan el sentido de comunidad que rodea al open source.

“Una de las partes más interesantes del software libre es que cuando creas algo, lo creas para todos; y este impacto es difícil de lograr cuando estás en una empresa y desarrollas cosas explícitamente cerradas”, apuntó Aleix Pol González, desarrollador de software en BlueSystems y presidente de la KDE, una comunidad internacional que desarrolla software libre. Sofía Enriquez, Software Engineering Associate en Red Hat Argentina y miembro de LinuxChix, tuvo experiencias tanto en el ámbito privado como abierto y destacó:

Lo primero que sentís al ingresar en open source es la inclusión y el hecho de trabajar con gente que es muy importante, que no está en tu misma oficina pero con la que podés compartir código. Además, el crecimiento personal y profesional se da muchísimo más rápido.

Martínez de la Cruz secunda esta idea de inclusión y aclara que no solo se reduce a una cuestión de género sino también de cultura y de conocimiento, ya que permite el trabajo conjunto de personas de distintas partes del mundo y con diferentes niveles de experiencia. “El hecho de que sea libre y colaborativo permite llegar a soluciones más rápido, ya que hay una comunidad de un montón de desarrolladores alrededor del planeta mirando un problema y aportando su punto de vista”, completó.

Y todos para uno: ¿cómo se trabaja?

Como mencionamos más arriba, se puede hacer de forma remunerada o gratuita; es decir, como trabajo formal o en los tiempos libres. Independientemente de esto, los equipos suelen ser remotos y estar dispersos por el mundo. Aleix Pol González señala que el teletrabajo está en la naturaleza del software libre, en parte porque ayuda a abaratar costos. Pero también porque la disponibilidad horaria de sus colaboradores no es la misma y no siempre se cuenta con presupuestos que permitan la contratación de personal.

La contribución de Lisandro Pérez Meyer –profesional de apoyo a la investigación de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires y miembro del Grupo de Microelectrónica en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca)– en Debian, por ejemplo, es “un hobbie más, aunque uno súper interesante”. “Debian es una comunidad de gente que hace el único sistema operativo (al menos entre los grandes) manejado en su totalidad por la comunidad en forma voluntaria. Es algo que hacemos por placer y voluntad con personas de múltiples países”, precisó.

García, por su parte, tiene 23 años de programador pero apenas diez en open source. “Me tocó participar de la empresa que hacía el software para los decodificadores de la TDA. Por defecto de formación no tenía idea de lo que estaba haciendo y no podía creer que eso existiera, que pudiese ver y estudiar todo el código. Cuando supe que existían compañías que contrataban desarrolladores en forma remota me metí en ese mundo”, recordó. Luego de mucha lectura y relectura, empezó a participar de comunidades y logró insertarse en el mercado laboral. “Ser parte del open source me dio herramientas, soft skills, que no son específicas del trabajo pero que se vuelven fundamentales para interactuar; además, participar te saca del lugar de la queja, te hace dar cuenta del tiempo que le toma a alguien arreglar algo, te hace ser más humilde y más agradecido del aporte del otro”, completó.

“El software libre no es solo contribuir al código sino todo lo que hay alrededor, la comunidad y el apoyo que genera entre sus miembros. Es evidente que va ganando terreno esta modalidad, no solo en empresas sino en el trabajo científico”, observó, a su vez, Celia Cintas –doctora en Ciencias de la Computación y miembro de LinuxChix–.

“Llamémoslo open source, free software o software libre, esta es la forma correcta de hacer desarrollos, ya que pone el código a disposición de la humanidad y de la industria, para que entre todos podamos crear mejores herramientas, más grandes y más sólidas. Creo que ya todos estamos al tanto de esto; los que nos decían que éramos los malos y aquellos a los que les decíamos que eran los malos han tenido que cambiar su postura para empezar a hablar más como nosotros y tratarnos como iguales”, concluyó, categórico, Aleix Pol.

Los seis expertos coinciden en que esta forma de trabajo o, más bien, que esta manera de ver las cosas ganó la carrera imaginaria. Si alguno aun no está convencido, aporto solo un dato más: ninguno de los entrevistados volvió al software propietario una vez que entró al mundo del código abierto –y Cintas hasta se enorgullece de no haber tocado nunca una herramienta cerrada–. Aun restan preguntas por responder y cosas por aclarar (algunas de ellas las abordaremos en próximas notas), pero al parecer el open source está instalado, no se va a ningún lado y es parte de nuestra vida cotidiana, aunque no podamos verlo.


Esta nota es parte de una serie de artículos acerca del mundo open source. Acá están los restantes: “Piedra libre para el software open source: lugares donde está sin ser visto”, “Tres mitos del software open source: especificidad, rentabilidad y confiabilidad” y “Cuatro desafíos del software open source”.

3 comentarios sobre “Qué es | Open source: introducción al mundo de la colaboración

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