Clementina, la primera computadora científica argentina

Solo 19 computadoras comerciales Ferranti Mercury fueron producidas en el Reino Unido. Tras ganar una licitación, la número 18 fue a parar muy lejos de Manchester: desembarcó en Argentina el 24 de noviembre de 1960, aunque recién empezó a funcionar un día como hoy, hace 59 años. Es que primero fue necesario reacondicionar una de las salas del Pabellón I de la entonces nueva Ciudad Universitaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para que pudiese alojar a sus cerca de 18 metros de ancho por dos de alto y 50cm de profundidad.

La llamaron Clementina, porque en su memoria vino almacenada la canción estadounidense “Oh my darling, Clementine”, y fue la mayor inversión realizada en ciencia y tecnología hasta ese momento. Era más de 50 mil veces más grande que una PC actual, pesaba unos 500 kg y, como era habitual en ese momento, no tenía ni monitor ni teclado. Así y todo, ocupaba una habitación entera y requería de otra adicional para colocar los 5 racks de fuentes de poder. Al principio, las instrucciones se daban mediante cintas de papel perforado y se devolvían los resultados de igual manera; luego, se adaptó un lector de tarjetas perforadas de fabricación nacional para que fuese más práctico el ingreso de datos.

Imagen de las cintas de papel perforado que daban instrucciones a la computadora.
Programas de optimización en Autocode
(Foto: Wikipedia)

En su adquisición estuvieron involucrados dos argentinos de renombre: Manuel Sadosky, que –como vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales– fue el impulsor del proyecto; y Bernardo Houssay, director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), organismo que financió la compra. La máquina se convirtió en el elemento central del Instituto de Cálculo, que había nacido apenas un año antes, y el interés que generó impulsó la creación de la carrera de Computador Científico, antecesora de las ciencias de la computación y pionera en la región. Todo esto, bajo la estrecha supervisión de Sadosky.

Clementina fue utilizada con intensidad por las cerca de 100 personas que tenían acceso a ella. El Instituto era interdisciplinario, así que se empleó en economía matemática, investigación operativa, estadística, análisis numérico, cálculo astronómico, estudios hídricos y hasta traducciones automáticas del ruso al castellano; además, facilitó la enseñanza en el nuevo recorrido académico. Se dice que no participaba en trabajos rutinarios sino que estaba reservada para proyectos novedosos, de vanguardia y que contaran con una proyección social, tanto públicos como privados. ¿Por qué imponer un filtro tan severo? Tal vez porque era la primera de su tipo en el país y sus posibilidades parecían infinitas; quizás, porque eran pocos los que sabían operarla; o capaz simplemente porque tardaba dos horas en encender y era millones de veces más lenta que los dispositivos actuales, así que no podían darse el lujo de usarla para cualquier cosa.

Cecilia Berdichevsky, primera programadora de Clementina, junto a la máquina.
Cecilia Berdichevsky, primera programadora de Clementina. (Foto: Infobae)

Así y todo, fue protagonista de numerosos trabajos, entre ellos la verificación de los cálculos sobre la órbita del cometa Halley. También le debemos el desarrollo del primer lenguaje de programación nacional: el COMIC (COMpilador del Instituto de Cálculo). Wilfred Durán –a cargo del grupo de Sistemas de Programación– lo desarrolló junto a sus colaboradores, ya que el Autocode con el que había venido no era suficiente para los desafíos que debía enfrentar.

Clementina produjo conocimiento hasta 1966, cuando unos bastones fueron tan largos como para alcanzarla. Ya un año antes, Sadosky y su equipo estaban contemplando la posibilidad de reemplazarla por otra máquina más potente, pero con el golpe de Estado de Onganía todo se detuvo: las universidades fueron intervenidas, los cerebros se fugaron y la máquina redujo su actividad a cuestiones rutinarias. Cinco años después, en 1971, dejó de funcionar por falta de mantenimiento. A pesar de su importancia, hoy se conservan muy pocas partes de la computadora en el Departamento de Computación de la UBA, ya que en su momento la desmantelaron y se deshicieron de ella como si solo fuesen residuos.

Reconstrucción de Clementina (Foto: Museo de Informática)

Las pocas imágenes que existen de Clementina, sumadas a un arduo trabajo de investigación, ayudaron al Museo de Informática a reconstruirla. Allí puede verse una réplica de esta computadora, que es capaz de simular parte de su actividad. Quizás así podamos darnos al menos una idea de que su tamaño no solo representaba las posibilidades tecnológicas de la época sino también la magnitud del impulso tecnológico que supuso para el país.


Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Clementina_(computadora)
https://www.buenosaires.gob.ar/noticias/clementina-la-primera-computadora-en-argentina
https://www.educ.ar/recursos/118069/clementina-la-primera-computadora-en-la-argentina
http://www.redusers.com/noticias/tras-los-pasos-del-padre-de-la-informatica-argentina-y-la-computacion-al-servicio-del-pais/
http://www.fcen.uba.ar/segb/historia/lamensula/la_mensula_13.pdf
https://museodeinformatica.org.ar/proyectos/
https://www.youtube.com/watch?v=NAVuZyl5jz0

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